Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018
2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.
Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Extorsión navideña

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

El ethos mafioso y su correlato, la corrupción, son quizás el mayor obstáculo socio-cultural y el reto ético-político más grande que deben enfrentar los colombianos si de verdad su dirigencia política y empresarial quiere consolidar una sociedad justa, moderna y éticamente viable.

He conocido de una práctica social y empresarial que me hace pensar en lo difícil que será superar los problemas éticos de una sociedad que desde tiempos remotos se le dificultó y se le dificulta aún, poner límites entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo legal y lo ilegal. Y en los tiempos en los que de alguna manera se logró establecer dichos límites, éstos fueron borrados desde 2002, cuando el país se acostumbró al Todo Vale, como parte de ese principio mafioso que se logró entronizar entre el 2002 y el 2010, durante la oscura presidencia de quien fuese llamado como el Señor de las Sombras.  

Dicha práctica es la siguiente: empresas de todo tipo, piden o exigen a sus proveedores, regalos para entregar a sus empleados. Sin duda, se trata de una extorsión contra aquellos contratistas, clientes o proveedores con los que ciertas compañías sostienen una relación comercial, que por supuesto podría darse por terminada si no aceptan la extorsión navideña de comprar de manera obligada, regalos para los trabajadores de las empresas desde donde se hacen las llamadas extorsivas.

Resulta extremadamente grave que una relación comercial se decida mantener, no sobre la base de una evaluación de los servicios y la calidad de los productos que unos terceros prestan o entregan a unas empresas, sino a partir de la aceptación o no de la extorsión que por esta época navideña vienen haciendo ciertas empresas a sus clientes, proveedores o contratistas.

Estamos ante una acción y actitud mafiosa, sucia, corrupta, inmoral, poco ética y absurda de unas empresas que, claramente, buscan entregar sus obligaciones morales con sus propios empleados, a unos terceros que, por cuenta de la extorsión navideña, deben salir corriendo a comprar artículos (regalos) que deberían adquirir las empresas a las que prestan sus servicios, como parte de sus propias políticas de bienestar laboral.

¿Me pregunto: ¿Què vendrá mañana? ¿Acaso, dichas empresas exigirán dinero a sus clientes, proveedores o contratistas para terminar de pagar la nómina, o aportar al pago de la seguridad social de sus empleados?

Con dicha práctica empresarial, ejecutada a través de llamadas telefónicas, queda claro lo difícil que será para los colombianos proscribir ese ethos mafioso que su clase política y empresarial logró entronizar, y que parece tener gran aceptación en el resto de la sociedad. 


Imagen tomada de artigoo.com

viernes, 15 de diciembre de 2017

¿Limones o Toronjas?

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

La pregunta que da vida a esta columna parece ser  el “soporte conceptual” de la valla con la que el cirujano plástico, Álvaro José Molina (ver imagen) promociona su negocio: mamoplastia de aumento.
El mensaje resulta, a todas luces, agresivo, grotesco y profundamente anclado a la cultura mafioso-machista que lograron imponer en Cali los narcotraficantes y los llamados “lava perros”, con la anuencia, claro está, de la sociedad y del resto de hombres que vieron con beneplácito la homogeneización que sufrieron las mujeres de una ciudad que se asocia a rumba, sexo, consumo de drogas y por supuesto, al creciente negocio de la estética femenina o al fortalecido mercado del cuerpo de la mujer.

Sin duda, los rezagos de esas prácticas de dominación sexual que sufrieron las mujeres caleñas reaparecen en el mensaje publicitario. No se trata simplemente de una opción para que muchas mujeres “arreglen” sus problemas de auto estima, creados por la cultura machista: estamos ante un mensaje  que expresa dominación, que segrega y subvalora a aquellas mujeres que por tener senos pequeños, no son “aptas” para vivir en una ciudad que suele cantarle a sus mujeres para exaltar justamente el prototipo que el cirujano está dispuesto a proveer con sus cirugías de aumento de senos.  
Cuando la ciencia y la técnica médica se ponen al servicio de la cultura machista, reducen a la Mujer y a lo femenino a una suerte de sustancia maleable y manipulable, que se puede adaptar a cualquier exigencia cultural. De hecho, la  mujer que sirve de modelo, exhibe en su rostro dos momentos diferenciados: en un primer momento, se pone de presente la frustración de ella, que se asume colectiva para todas aquellas mujeres que nacieron con los senos pequeños, o en el discurso del Médico, con limones: y en un segundo momento, la misma modelo, exhibe su completa felicidad y complacencia, sosteniendo las dos toronjas con las que Molina hará posible superar la frustración, inoculada culturalmente, de las mujeres que por esas cosas de la genética no tienen cómo encajar en una sociedad que se acostumbró a “consumir” mujeres voluptuosas.

Sin duda, el médico cirujano tiene derecho a promocionar su negocio. Lo reprochable es que lo haga apelando a la burda “dicotomía”, limones  o toronjas. Podría ser más sutil el señor Molina en la forma como promociona su habilidad y con la que logra que la sociedad continúe estandarizando a la Mujer y por esa vía, sometiéndola a los deseos primarios de una sociedad de Machos cabríos ávidos de consumir toronjas o tetas grandes.


Y no se trata, como lo proponen algunos tuiteros, de poner controles a este tipo de publicidad. No. El asunto de fondo, es decir, la responsabilidad, recae en la cultura dominante y por supuesto, en nosotros los hombres; por supuesto, les cabe algo o mucho de  responsabilidad a las propias mujeres que acuden a los cirujanos plásticos para tratar de superar sus problemas de auto estima por no estar a gusto con el cuerpo que les tocó por suerte. 



Adenda: en los casos de cáncer de mama, por supuesto que las cirugías reconstructivas son bienvenidas. 

La valla publicitaria está ubicada cerca al Centro Comercial Chipichape al norte de la ciudad.
Especial para El País (Tomada del diario El país de Cali). 

jueves, 14 de diciembre de 2017

El Régimen y las 16 curules

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Cae el telón de este 2017 y queda un sin sabor por el tortuoso proceso que sufrió la implementación del Acuerdo Final negociado en La Habana y firmado en el teatro Colón de la capital del país. Son varias las conclusiones que se pueden sacar de dicho proceso: la primera, que no hay, dentro de los poderes públicos y al interior de la  institucionalidad pública, una única noción de Estado. Especialmente, una noción de Estado que permita pensar en la posibilidad de consolidar uno que no solo se viable, sino justo, legítimo y perenne.

A juzgar por los fallos de la Corte Constitucional y las actuaciones de los congresistas, el Estado deviene en una suerte de abstracción que cada uno de los agentes de las corporaciones involucradas en los trámites de la implementación del Acuerdo Final, interpreta a su manera, antojo  y amaño. Y esto es muy grave para el funcionamiento tanto del mismo Estado, como del propio sistema democrático; pero esta situación resulta perfecta para el Régimen, como diría Álvaro Gómez, pues este es finalmente el que determina qué se hace y qué no se hace. Y al Régimen poco le interesa ampliar la democracia y darle voz a las víctimas, por ello se negaron las 16 curules. Y menos aún, le interesa que haya un Estado consolidado. El que sirve es el actual: privatizado, no homogéneo y con presencia diferenciada en el territorio como diría Fernán González.

Dijo en su momento Álvaro Gómez Hurtado, asesinado por agentes del mismo Régimen del que él, curiosamente, se benefició: "El régimen transa las leyes con los delincuentes, influye sobre el Congreso y lo soborna, tiene preso al Presidente de la República…Samper es una persona llena de buenas intenciones, pero está preso por el establecimiento. No puede hacer nada, está rodeado de intereses creados. Con los jueces pasa lo mismo… El régimen es un conjunto de complicidades. No tiene personería jurídica ni tiene lugar sobre la tierra. Uno sabe que el Gobierno existe porque uno va a Palacio y alguien contesta, que resulta ser por ejemplo el Presidente de la República, y va al Congreso y ahí sale su presidente, pero el régimen es irresponsable, está ahí usando los gajes del poder, las complicidades. El Presidente es el ejecutor principal del régimen, pero está preso. A mi me da pena repetirlo, pero el Presidente es un preso del régimen. El régimen es mucho más fuerte que él, tiene sus circuitos cerrados, forma circuitos cerrados en torno de la Aeronáutica Civil, de las obras públicas, de los peajes, y en ellos no deja entrar ninguna persona independiente".(Revista Diners 303, junio de 1995).

La segunda conclusión a la que se puede llegar a partir de lo ocurrido con los ajustes y modificaciones que sufrió el Acuerdo Final en las señaladas instancias, es la enorme e insondable distancia que subsiste entre el Estado y la Sociedad. Lo que se traduce en una idea pobre que tiene la mayoría de los colombianos alrededor de asuntos públicos. Y quedó claro que el conflicto armado interno y su finalización (con las Farc, por lo menos) por la vía de la negociación política, jamás alcanzó el suficiente carácter y estatus de asunto público que permitiera que en estos temas confluyera el grueso de la sociedad para discutirlos con seriedad. Y allí, el Régimen de poder viene haciendo sus “aportes”, asegurando, por ejemplo, altos niveles de ignorancia en millones de colombianos que no  dimensionan el hecho de que un Gobierno, en nombre del Estado, haya puesto fin a un degradado conflicto armado interno. Claro, no podemos olvidar que no se negoció lo estructural, es decir, aquello que permitiera desmontar el actual Régimen de poder. 

Una tercera conclusión va en el siguiente sentido: el papel de la Gran Prensa fue determinante en la incomprensión social del Acuerdo Final. Noticieros privados de televisión como RCN, Caracol y CM&, así como los programas radiales La FM y La W, fueron inferiores a la exigencia ética que les hizo y hace aún un proceso de negociación política con el que se puso freno a una máquina de guerra y de producción de víctimas. Al conocer muy bien a sus audiencias (ignorantes y poco conscientes de lo que significa ser ciudadano), estas empresas mediáticas actuaron de acuerdo con los intereses económicos y políticos de sus propietarios, los mismos que sostienen a este Régimen oprobioso que guía el actuar del Estado privatizado y que mantiene una democracia restringida y temerosa de abrirle espacios no tanto a las víctimas de los actores armados, sino a aquellos ciudadanos cercanos al pensamiento de una Izquierda que sigue haciendo parte de esa noción de “enemigo interno” al que hay que someter, perseguir y aniquilar, a pesar de vivir en tiempos de paz y posacuerdos.  Porque la preocupación por aprobar las 16 curules giró y gira aún en torno a que a la Cámara de Representantes lleguen las ideas de ciudadanos incómodos: campesinos y específicos sectores étnicos. Esos mismos que el centralismo bogotano y la cultura dominante ("blanca"), odian y desconocen. 


Y esa manera, el sueño de una paz estable y duradera quedó sujeto, como lo fue la permanencia  del conflicto armado interno, a lo que el Régimen dijo que había, existía o no existía; y en adelante, qué se puede hacer, transar, negociar y qué no. Así estamos. 

Imagen tomada de pulzo.com; en esta, aparece el Pte del Senado, Efraín Cepeda, negando la tesis del Gobierno sobre la aprobación del proyecto de ley, por cuenta de la aplicación de lo que se conoce como la "silla vacía" (mayoría no sobre 102 senadores, sino de 99). 

martes, 12 de diciembre de 2017

Primero la Familia

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

De la composición de los listados[1] de aspirantes para ocupar las curules en el Congreso que elegiremos los colombianos en 2018, se puede colegir que la política en Colombia dejó de ser un asunto público y centralizado en Partidos Políticos, para convertirse en un negocio familiar.

Se trata de familias cuyos varios de sus miembros han sido procesados y condenados por disímiles delitos. Así las cosas, los Partidos Políticos que avalan candidaturas de hijos, nietos, primos, hermanos, hermanas, esposos, esposas y sobrinos de políticos  criminales y corruptos, pierden su naturaleza y se convierten en agencias en donde se tramitan los más innobles intereses de quienes solo buscan mantener el negocio de la familia: la Política.

Quienes critican las aspiraciones de familiares de políticos corruptos y criminales, de inmediato se deben enfrentar al argumento, válido jurídicamente, de que no hay “delitos de sangre”. Cierto, no hay delitos de sangre, pero lo que si debe haber es un mínimo de decencia, de vergüenza y de respeto con la sociedad, con lo que deben simbolizar el Estado, la política y lo público. Lo cierto es que aspirar a ocupar una curul en la institución más desprestigiada, el Congreso, de la mano de políticos condenados por disímiles delitos, constituye una burla, una provocación, pero sobre todo, la confirmación de que los límites de la decencia hace rato se perdieron en este país.

Lo que resulta reprochable a los familiares de los condenados que aspiran a una curul en el Congreso, es que no exhiben dentro de su discurso asomo alguno de vergüenza por los delitos, crímenes y faltas cometidas por quienes les están heredando una curul manchada y atada al ethos mafioso que se entronizó en la vida societal de Colombia. ¿Por qué no toman distancia de sus corruptos padres y esposas, entre otros, y buscan llegar al Congreso, alejados del mal nombre que los acompaña? Hay una única y posible respuesta: porque primero están los negocios de la familia y luego, lo demás. Y lo demás, es la ética, la decencia, la pulcritud y el respeto a la ley.

Los nuevos aspirantes al Congreso parece que no arrastraran el peso de las acciones dolosas y criminales de sus familiares. Y resulta comprensible que así sea porque una vez convertida la política en parte sustantiva del negocio familiar, entonces no hay manera alguna de que al interior de dichas familias uno de sus miembros quiera llegar al Congreso, para limpiar un apellido. Por el contrario,  y a parecer, los une a todos, en primer lugar, el interés de extender y consolidar el negocio, esto es, mantener las redes de corrupción y en otros, las estructuras mafiosas y criminales; y en un segundo lugar, eso sí, menos evidente, el objetivo de “vengar” los señalamientos y las condenas proferidas contra padres, hermanos o esposos. 

Y la mejor forma de “vengarse” es extender los tentáculos de un  negocio familiar que cuenta con Agencias Políticas (ayer, Partidos Políticos) que no solo dan avales, sino que pondrán al servicio de las renovadas mafias, toda la institucionalidad para consolidar el ethos mafioso y la privatización (familiarización) de la política.  Y mientras la Política sufre el peligroso proceso de familiarización (privatización), la clase empresarial, la Academia y las Iglesias guardan cómplice silencio. Qué asco de país.

Nota: un profesor, maestro y amigo me compartió apartes de las últimas declaraciones que diera Álvaro Gómez Hurtado, antes de ser asesinado por miembros del propio Régimen:


"El régimen transa las leyes con los delincuentes, influye sobre el Congreso y lo soborna, tiene preso al Presidente de la República…Samper es una persona llena de buenas intenciones, pero está preso por el establecimiento. No puede hacer nada, está rodeado de intereses creados. Con los jueces pasa lo mismo… El régimen es un conjunto de complicidades. No tiene personería jurídica ni tiene lugar sobre la tierra. Uno sabe que el Gobierno existe porque uno va a Palacio y alguien contesta, que resulta ser por ejemplo el Presidente de la República, y va al Congreso y ahí sale su presidente, pero el régimen es irresponsable, está ahí usando los gajes del poder, las complicidades. El Presidente es el ejecutor principal del régimen, pero está preso. A mi me da pena repetirlo, pero el Presidente es un preso del régimen. El régimen es mucho más fuerte que él, tiene sus circuitos cerrados, forma circuitos cerrados en torno de la Aeronáutica Civil, de las obras públicas, de los peajes, y en ellos no deja entrar ninguna persona independiente".
(Revista Diners 303, junio de 1995).



Imagen tomada de ElEspectador.com

jueves, 7 de diciembre de 2017

Deshojando la margarita

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

A pesar del pragmatismo político con el que históricamente  actúa la Derecha, para las elecciones de 2018 el panorama aún no está claro, por varias razones a saber: la primera, la polarización política que se expresó electoralmente el 2 de octubre de 2016, no le daría al candidato de la Derecha un triunfo en la primera vuelta. El segundo hecho, la demora de Fajardo de salir de una coalición de Centro-Izquierda en la que jamás se sintió cómodo. Y el tercer hecho, a los sectores de poder económico (los Grandes Cacaos) les preocupa en algo la fuerza electoral que pueda seguir consolidando Gustavo Petro Urrego.

Aunque son hechos políticos que juegan dentro el actual escenario pre electoral, estos mismos hechos no alcanzan a preocupar a los grandes ricos de este país. Hablo de la  demora de Uribe Vélez en señalar quién será su candidato, el distanciamiento político que subsiste entre Vargas Lleras y el ex presidente, caballista y ganadero, y porque la criticada y sonada alianza con Pastrana Arango tiene en Martha Lucía Ramírez a un fuerte obstáculo para la consolidación de la señalada coalición. Menos aún les preocupan las aspiraciones de Ordóñez Maldonado

Las preocupaciones de Uribe no son tanto porque la Derecha no logre mantenerse en el poder, sino porque el ex presidente antioqueño reconoce que ya él como líder político está de salida porque ya dejó de ser de los afectos de los Grandes Cacaos. Los grandes ricos de Colombia saben que la vigencia política de Uribe es más mediática y que su real  poder político viene en caída libre, justamente porque detrás de la búsqueda del candidato que lo represente, está el interés genuino de volver a gobernar, pero esta vez en cuerpo ajeno. Y los ricos de Colombia no desean que ello ocurra. Ya lo apoyaron en su segunda reelección y saben que el haber validado la compra de su reelección, les generó unos enormes costos sociales y políticos. Así como medio país quedó hastiado de Uribe, un sector importante del empresariado también está cansado del político de Salgar. Por ello, los grandes empresarios le están apuntando a la búsqueda de una figura política que luzca menos agresiva, retadora y difícil de manejar, además de desgastada, polarizante y grotesca. Por eso, “el que finalmente elija Uribe”, poco chance tendrá, por ejemplo, si intenta enfrentarse con la imagen “fresca” de un candidato como Sergio Fajardo, claro candidato del otrora Sindicato Antioqueño.

Entre tanto, por los lados de Sarmiento Angulo, este empresario sabe que Vargas Lleras, su candidato, no es carismático. Reconoce que no agrada y que su carácter autoritario, frente al tono pausado y tranquilo de Fajardo, poco puede hacer el hasta hace poco ex ministro de Santos.

El dilema de la derecha económica y política este país está entre apoyar de manera consensuada a Fajardo o terminar apoyando la candidaturas de Vargas Lleras para producir un enfrentamiento en una primera vuelta, para terminar unidos en la segunda, en donde claramente el candidato único del empresariado podría terminar siendo Sergio Fajardo Valderrama.

Los sectores del Establecimiento que no acompañaron el proceso de paz y que harán ingentes esfuerzos para cumplir con lo mínimo de lo acordado en La Habana, están buscando un candidato como Fajardo Valderrama, que fácilmente puede jugar con el discurso de la paz y la implementación del Acuerdo Final, para darle un cumplimiento a medias, tal y como lo desea la Derecha política y económica.

Así entonces, mientras que los Medios masivos nos hacen creer que aún es importante lo que decida Uribe,  el empresario Sarmiento Angulo está examinando el paso que ya dio el Grupo Empresarial Antioqueño (antiguo Sindicato Antioqueño) en relación con Fajardo Valderrama, para tomar la decisión de apoyar o no a Vargas Lleras, quien no gusta entre la élite empresarial y entre el grueso del electorado.


Si bien está claro que la Derecha mantiene el control de las maquinarias y de las redes clientelares,  lo único que le falta decidir es si apoyar conjuntamente a Fajardo o insistir con Vargas Lleras, un político sin carisma, que la única garantía que da a los Grandes Cacaos, es que será, como buen hijo de la oligarquía bogotana, un excelente empleado de Sarmiento Angulo, si llega a convertirse en Presidente de Colombia. Así, por estos días, los grandes ricos y dueños del país, andan deshojando la margarita: Vargas, Fajardo, Vargas, Fajardo… Y lo hacen, con la  tranquilidad que les da la incapacidad de la Izquierda para unirse con otros sectores y lanzar un candidato que realmente pueda competir bien sea contra Vargas Lleras o Fajardo Valderrama.   


Nota: esta columna se publica antes de que se limaran asperezas entre Fajardo y Claudia López, lo que permitió confirmar la Coalición Colombia. Sin embargo, Fajardo insiste en que no iría a una consulta interpartidista, en particular, no desea hacerlo con el candidato del Partido Liberal, Humberto de la Calle Lombana. Insisto en las dudas que me genera el señor Fajardo. Está más cerca de la Derecha, que de cualquier proyecto de centro-izquierda. Amanecerá y veremos. 


Imagen tomada de Semana.com 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Cúpula de Farc: ¿se burocratizó?

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

La desbandada de miembros de las antiguas Farc, concentrados en las zonas veredales dispuestas para que allí se diera su transición a la vida civil, es responsabilidad tanto del Estado colombiano, del Gobierno de Santos, y por supuesto, de la propia cúpula Fariana: sus máximos comandantes se burocratizaron. Y no prepararon a la base de la tropa (al guerrillero raso) para soportar las demoras y los incumplimientos del Gobierno y del Estado en su conjunto, y mucho menos, para que asumieran los cambios que supone dejar atrás la vieja doctrina militar.

Creo que la cúpula de la Farc, con asomo  de algo de ingenuidad, creyó que bastaría con que sus hombres y mujeres se concentraran en puntos fijos de la geografía colombiana, para que asumieran, de manera natural, un proceso de implementación que hoy día, no marcha bien. El mismo, que en 2018, recibirá golpes contundentes por parte de aquel que se alzaría con el triunfo en las elecciones venideras: Germán Vargas Lleras (porque tiene toda la maquinaria clientelista y es el candidato de la Derecha política y económica que no acompañó el proceso de paz). Como en toda organización vertical, jerarquizada y profundamente burocratizada, habrá siempre un grupo minúsculo de la élite que gozará de manera directa y efectiva de los beneficios por los cuales accedieron a negociar una paz estable y duradera con el Estado.

Es posible que la cúpula  de la Farc se haya equivocado en la valoración de la capacidad de resistencia de la tropa, ante las demoras y trabas al proceso de implementación de lo acordado y firmado, y en particular, en cómo resistir la evidente “estrategia del desgaste[1]”  que el Gobierno de Santos dejó que tomara fuerza y se convirtiera casi en una expresión más de un Estado débil, precario y capturado por una élite matona, cicatera, sucia y pendenciera, y de una sociedad ignorante, polarizada, fragmentada y contaminada por una Prensa tendenciosa y mentirosa, a la que nunca le importó comprender el devenir del conflicto armado interno, y mucho menos, a sus miembros, les importa hoy el futuro de esa paz estable y duradera que se pactó en La Habana.

El adoctrinamiento militar para hacer y mantener la guerra es diametralmente distinto al adoctrinamiento político que se debe dar en clave o en perspectiva de paz. No es lo mismo manejar aconductados guerrilleros, muchos de ellos amedrentados por aquello de su propia “justicia revolucionaria”, que ex guerrilleros,  en tránsito de convertirse en civiles. Las angustias, expectativas, sueños, miedos, esperanzas y anhelos, son distintos cuando se asume la condición civil. Y eso, al parecer, lo olvidaron los máximos jefes de la Farc.

Creo que la cúpula de la Farc invirtió demasiado tiempo en el adoctrinamiento militar para la guerra y muy poco, para madurar la idea de “firmar la paz” con una parte del Establecimiento de la que al parecer, las cabezas más visibles de la Farc, creyeron a pie juntillas en que cumplirían con lo acordado en La Habana, porque tenían el control absoluto para asegurar la transición de la guerra a la paz. Se equivocaron los miembros de la ex guerrilla. Lo que no sé, es si trató de un error de cálculo político por considerar que era el momento de firmar el fin del conflicto, o si se trató de una  lectura ingenua de un Gobierno y de un Presidente, hijo de la rancia élite bogotana, la misma que las Farc no pudieron derrocar militarmente.

Con la desbandada de los ex combatientes farianos, queda en duda si las Farc eran más una organización militar, que una organización política capaz de mantener la disciplina y la firmeza de unos hombres y mujeres que ya no obedecen órdenes de comandantes, sino que están esperando seguir a unos líderes que, al parecer, ya andan pensando más en vivir sus últimos días de la política (del Estado), que en guiar a quienes lo único que hicieron bien (no sabían más)  fue acompañarlos en una lucha armada  que habrá valido la pena, si se logra consolidar[2] la anhelada paz, estable y duradera.






jueves, 30 de noviembre de 2017

‘CONEJAZO’ A LA PAZ

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Tanto en los fallos proferidos recientemente por la Corte Constitucional, como en las actuaciones del Congreso de la República, se advierte una empobrecida noción de Estado. En ese orden de ideas, los magistrados que abordaron la discusión alrededor de la exequibilidad del marco legal que cobijaba el Acuerdo Final, y aquellos que modificaron el sentido del mismo, dejaron entrever que detrás de sus empobrecidas nociones alrededor de lo que es o deber ser el Estado, están sus individuales orientaciones ideológicas y la incapacidad de criterio para dimensionar lo que significa para una sociedad, poner fin a un largo y degradado conflicto armado interno de más de 50 años; en esa misma dirección, los congresistas  que asumieron la aprobación de las iniciativas legislativas con las que cobraría vida jurídica lo acordado en La Habana y firmado en el teatro Colón de Bogotá, exhibieron el carácter mezquino de una clase política que históricamente ha actuado de espaldas al país. A estos les pudo más el funesto  centralismo bogotano, sus intereses electorales, su oposición al proceso de paz y el objetivo político-electoral que los hará participar en las elecciones de 2018: acabar de hacer trizas el Acuerdo Final. Ya lo golpearon estructuralmente. De llegar a la Casa de Nariño (de Nari, para este caso), estos sectores de poder (las bancadas del insepulto Partido Conservador, del Centro Democrático y algunos liberales que votaron en contra o que no votaron), lo que harán simplemente será protocolizar que el proceso de paz con las Farc fracasó (fracasará).

Pues bien, con el hundimiento del proyecto de ley que daba vida a las 16 Circunscripciones de Paz y días atrás con la aprobación amañada de la ley estatutaria que dio vida a la JEP, el Congreso de la República de Colombia acaba de hacerle conejo[1] al país político y a esa parte de la sociedad que esperaba  confiada a que dicha corporación legislativa asumiera con seriedad la tarea de legislar a favor de la construcción de una paz estable y duradera;  igualmente, los congresistas que ajustaron a su amaño el modelo de justicia transicional acordado en La Habana, acaban de hacerle conejo también a la ONU y a los países que acompañaron al Gobierno de Santos, en representación del Estado colombiano, en esos largos años de negociación con la entonces guerrilla de las Farc;  igualmente, se les hizo conejo a las Farc, agrupación que hasta el momento cumple con lo acordado en La Habana, como a los millones de colombianos que perdieron un familiar o fueron víctimas directas o indirectas  de los actores armados que participaron de las hostilidades: Fuerza Pública, Paramilitares y Guerrillas. 

Así registró El Espectador lo sucedido: “Por su parte, el senador Roy Barreras, de la U, culpó a los partidos Centro Democrático, Cambio Radical y una parte del Conservador de negar el derecho a las víctimas de llegar al Congreso y le pidió al presidente Santos que garantice las curules para las víctimas del conflicto a través del estado de excepción.  Asimismo, Barreras le pidió al secretario del Senado que revisara la votación y cuál era la mayoría necesaria, pues, a su juicio, la mayoría absoluta no se debía calcular sobre 102 senadores, sino sobre 99 porque “hay tres suspendidos”.  “Acabamos de revisar. Evidentemente, la mayoría absoluta de 99 es 50, es más de la mitad de los senadores. En mi criterio, está aprobada. Por supuesto, es absolutamente lamentable que tengamos que estar apelando a estas cifras matemáticas cuando el Congreso entero debió haberlas aprobado”[2].

Lo cierto es que con el hundimiento de las 16 Circunscripciones Especiales de Paz, lo que se pone de presente es que la noción de Estado  que tienen los congresistas de las señaladas colectividades que improbaron, que se negaron a votar e hicieron todo para hundir el proyecto de ley, no les alcanza para pensar un orden político que, con carácter nacional, asuma el compromiso de llegar a todos los rincones del territorio y asegure la participación de los históricamente excluidos del sistema democrático y jamás reconocidos por un Estado que, a juzgar por lo actuado por los congresistas, llega hasta los límites de Chía, por el Norte y a Soacha, por el sur.

El senador del Polo Democrático Alternativo, Iván Cepeda, dijo que “hoy la mezquindad de los políticos del Senado de la República ha primado sobre el interés de las víctimas y los sectores rurales. Lograron que se hundieran las 16 circunscripciones para La Paz”.

En toda esta debacle del proceso de implementación, hay que establecer responsabilidades. De un lado, le cabe responsabilidades directas al Gobierno Nacional por su incapacidad para mantener la Unidad Nacional, más allá de las presiones presupuestales de las congresistas. Debe señalarse, además, el pobre liderazgo de Santos, presidente que se nota cansado y que al ver cerca el final de su gobierno, se desentendió del único asunto por el que podrá ser recordado positivamente. Hay que responsabilizar también, a los enemigos del proceso de paz: Uribe y su Centro Democrático, a los políticos Asthon, Velasco (no estuvo en el recinto) y Sofía Gaviria, que no votaron; en las huestes del partido Conservador, los operadores legislativos Tamayo, Nadia Blel, Olga Suárez y Luis Sierra; la “liberal, Vivian Morales que votó NO, junto a Corso, Andrade, Nidia Osorio, Juan Diego Gómez, Merheg y Pedraza.

En estos momentos subiste la discusión sobre el número efectivo con el que se fijó la mayoría absoluta en el Congreso, cifra que, según interpretaciones del senador Roy Barreras, alcanzaría para que el proyecto de ley de las 16 Curules territoriales para las víctimas de las dinámicas y los actores armados, legales e ilegales, fuese aprobado. Lo cierto es que, siendo las 2:30 pm en Colombia, la Gran Prensa registra el hundimiento de las Circunscripciones Especiales de Paz, un elemento importante del Acuerdo Final, porque apuntaba no solo a ampliar la democracia y permitir la participación y la representación política de millones de colombianos que viven en esa parte del país en donde el Estado o jamás llegó o su acción institucional y simbólica es débil.  Si el proyecto logra salvarse, ello no impide señalar responsabilidades y advertir, de todas maneras, que el Congreso de la República fue inferior al compromiso de construir una paz estable y duradera. 

Después de lo sucedido, habrá que esperar que se aclare lo de la mayoría decisoria (102 o 99 operadores legislativos)  para confirmar o no lo del hundimiento de las Circunscripciones Especiales de Paz; de lo contrario, queda que la Corte Constitucional revise, de forma y de fondo, lo decidido en el Congreso. Si dicha alta Corte no modifica lo decidido en el Legislativo,  será en el escenario electoral en donde se pueda enderezar el proceso de implementación del Acuerdo Final. Mientras dichos escenarios se dan u ocurren, por ahora estamos ante un verdadero conejazo a la paz, a la reconciliación, al reconocimiento de las víctimas de la guerra interna y a la oportunidad para repararlas. Y estamos, igualmente, ante una prueba irrefutable de la empobrecida noción o idea de Estado que tienen magistrados y congresistas.

Adenda: minutos después de publicada esta nota, el Ministro de Gobierno señala que la ley que daría vida a las 16 curules especiales de paz, se salvó. Días después, el 06 de diciembre de 2017, el presidente del Senado, Efraín Cepeda, en una declaración pública, señaló que el proyecto de ley se hundió.



Imagen tomada de El Espectador.com


[1] En Colombia, se entiende por conejo o conejazo, aquella acción de engaño en la que incurre alguien. También se puede entender como una forma de robo, de timo, fraude, estafa, ardi, treta o trampa.

lunes, 27 de noviembre de 2017

INDIGNOS PALACIEGOS

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Explicar la vigencia política[1] de Álvaro Uribe Vélez sugiere mirar factores y circunstancias contextuales asociadas a la cultura política[2], a la acción mediática[3] y a la permanencia de una lucha ideológica que él mismo, en su momento, descalificó y quiso enterrar, como si se tratara del correlato de lo planteado por Francis Fukuyama en su libro El fin de la historia.

Sobre el primer aspecto, hay que señalar con toda claridad y vehemencia que subsiste en Colombia, en todas las capas sociales, una baja cultura política que hace posible que millones de colombianos voten -y hayan votado por Uribe[4]-  por conveniencia (clientelismo) y por los favores recibidos durante los ocho años de su administración.

En cuanto al segundo aspecto, es claro que Uribe Vélez fue y sigue siendo una invención mediática, producto de un periodismo servil, acomodado y funcional al Establecimiento. Aunque su imagen negativa ha crecido exponencialmente, estafetas disfrazados de periodistas siguen prestos a abrirle los micrófonos para desinformar, confundir y engañar a una adormilada opinión pública y, de paso, enlodar a quienes osan criticar sus acciones como Presidente o señalar sus responsabilidades en la comisión de disímiles delitos que hoy hacen parte de cartapacios que acumulan polvo  en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

Y en lo que hace referencia al último factor, hay millones de colombianos que a pesar de simpatizar con las ideas del latifundista y ganadero, no lo reconocen como un político de Derecha y mucho menos son capaces de reconocerse como militantes cercanos a esa orilla ideológica. No. Es tal la ceguera y su obcecada admiración por su líder, espiritual y político, que no alcanzan a dimensionar qué significa ser de derecha, de izquierda o de centro.

Interesa en esta columna hacer un ejercicio de caracterización de aquellos que siguen a este líder político. En un primer grupo de seguidores, simpatizantes y seguros sufragantes, están aquellos que profesan una enorme y acrítica simpatía por quien mandó en el país entre 2002 y 2010.

Quienes se ubican en este grupo de áulicos, carecen de criterio y de un carácter proclive o capaz  de permitirles hacer evaluaciones críticas de las acciones, conductas y decisiones de quien, en muchos sentidos, guía la vida social, económica y política de este grupo de palaciegos. En ese camino, esta suerte de cortesanos exhiben una ética acomodaticia (ethos mafioso[5])  en la medida en que desechan todo señalamiento que se haga de su líder por la violación de los límites éticos que, para el caso, se corrieron entre 2002-2010 y se siguen corriendo, como si se tratase de un mojón fronterizo que se mueve en la dirección de quien desea ampliar el horizonte de sus tierras.

A quienes hacen parte de este grupo, los llamo Indignos Palaciegos. Estos anodinos cortesanos jamás podrán sugerir a Uribe Vélez  que asuma responsabilidades, por lo menos políticas, en los casos de los “falsos positivos” que ocurrieron en gran número durante sus dos administraciones. Y mucho menos, serán capaces de cuestionar el temprano enriquecimiento de sus hijos, aprovechándose en buena medida de la condición de Presidente de su padre y del acceso a información privilegiada.

Dentro de este grupo de Indignos Palaciegos encontramos profesores universitarios, intelectuales y académicos[6] profesionales de diversas áreas, empresarios, ganaderos, militares y policías y estudiantes universitarios (especialmente de universidades privadas), entre otros. Estos ciudadanos, obnubilados por el talante autárquico, machista, violento y camarrorero del hoy senador de la República, suelen defender a dentelladas “la obra de Gobierno” de su Mesías, descalificando a quienes osan criticar a quien fuera elevado al estatus del “mejor Presidente de Colombia”.  

Podemos ubicar a los miembros de este grupo de áulicos en una suerte de clase media y media alta que, al desechar cualquier valoración ética de la función pública, actúan en sus espacios privados bajo los principios del Todo Vale.

Se pueden encontrar dentro de este grupo de Indignos Palaciegos algunas disidencias, en especial después del primer gobierno, 2002-2006. A pesar de la tardía comprensión del talante ético-político del político antioqueño, sobre estos ciudadanos recaen toda suerte de dudas alrededor de su propia ética y sobre todo, del real talante democrático desde el cual decidieron en su momento acompañar a Uribe Vélez en su afán de reelegirse, para luego no acompañarlo en su  intento de  quedarse en el Poder por ser el único capaz de “derrotar a las Farc”. Recordemos aquella idea de la hecatombe[7].

Dentro de este mismo grupo de Indignos Palaciegos están cientos de miles de ciudadanos pobres, cuyo precario capital cultural les impide mirar más allá de los “beneficios” recibidos, por ejemplo, a través del programa de Familias en Acción. Estos individuos, más cercanos a la condición de súbditos que a la de ciudadanos, poco o nada se diferencian de aquellos que ubicados en estratos socio económicos superiores, extrañan a Uribe Vélez porque en ocho años recibieron jugosos contratos en obras de infraestructura, especialmente. Entre recibir las migajas del señalado Programa, hoy elevado a la condición de Política Pública[8], becas, puestos en entidades estatales y recibir millonarios contratos, hay pocas diferencias éticas y morales.

Y para terminar, dentro de ese grupo de Indignos Palaciegos podemos encontrar cientos de miles de personas o proto ciudadanos que, con la misma indignidad[9] con la que se mantiene dentro del CD, el recién desechado, excluido, destronado  y rechazado Óscar Iván Zuluaga, se hincan ante la presencia de este Mesías que tanto daño[10] le hizo y le hace aún a Colombia. No hay derecho que subsistan tantos ignorantes, pero sobre todo, tanta indignidad e incapacidad para asumir posturas críticas, así sea frente a quien se admira y se sigue.  





Imagen tomada de Semana.com




[8] Una evidente institucionalización del clientelismo.

domingo, 26 de noviembre de 2017

URIBE-PASTRANA: ¡A REFUNDAR LA PATRIA!, ARRRRR


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social- politólogo

El panorama electoral en Colombia se va aclarando en materia de aspiraciones presidenciales. El Partido Liberal, sumido en una profunda crisis ideológica y programática y a través de una onerosa Consulta Abierta, eligió a Humberto de la Calle Lombana como su candidato único; y ahora, y sin que hayan decidido què candidato puede alcanzar sus objetivos políticos, los expresidentes Uribe Vélez y Pastrana Arango anunciaron su alianza político-electoral.

En cuanto a la Alianza de Centro-Izquierda, sus principales fichas, entre ellas Claudia López, Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo, no deciden aún quién de ellos enfrentará al ungido que decida el sector de  la derecha y ultraderecha que representará los intereses de la coalición Uribe-Pastrana, que son los mismos que tienen el ex ministro de Santos, Germán Vargas Lleras, los ex ministros de Defensa de Uribe y Santos, Martha Lucía Ramírez y Juan Carlos Pinzón y en representación de sectores religiosos,  el lefebvrista, Alejandro Ordóñez Maldonado.

Sobre la alianza Uribe- Pastrana hay que decir que se unen dos políticos que comparten sus frustraciones en torno a la desaparición de las Farc-ep. Quien ocupó la Casa de Nariño entre 1998 y 2002, exhibe el fracaso de un proceso de paz que fue mal manejado y que se dio sin el decidido acompañamiento internacional y, sobre todo, sin el apoyo de los militares. Mientras que Uribe Vélez, quien fungió como una especie de Mesías-Militarista, y con toda la ayuda militar allegada por medio del Plan Colombia, arrinconó y golpeó a las Farc-ep, sin lograr eso sì, acabarlas militarmente como era su objetivo y sueño más preciado.

Los une, además, su apoyo ideológico y una evidente simpatía política con el fenómeno paramilitar. En el gobierno de Pastrana, por ejemplo, se extendió el paramilitarismo y con la llegada de Uribe al Solio de Bolívar, se documentó que los paramilitares lograron penetrar la institucionalidad estatal: se hicieron con el antiguo DAS, con el Congreso en un 35% y estratégicamente, con la Superintendencia de Notariado y Registro, entre otras instancias estatales.

Es decir, la alianza Pastrana- Uribe se puede entender como una suerte de proyecto político que buscará “Refundar la Patria”, tal y como pactaron los entonces líderes paramilitares y sectores políticos regionales, en los documentos que se conocen como los Pactos de Ralito, Chivolo y Pivijay. Por eso, ya se hacen oír sus áulicos, al gritar: ¡A refundar la Patria!, arrrrrr.

De esta manera, la alianza Uribe-Pastrana representa a los sectores del Establecimiento que no acompañaron y respaldaron el proceso de paz de La Habana. Los mismos sectores que han logrado modificar sustancialmente el Acuerdo Final en el Congreso, en el marco de la discusión de la Ley Estatutaria que daría vida a la JEP, con la ayuda de la Corte Constitucional en varios aspectos y temas decisivos sobre los cuales emitió reciente fallo. Esos mismos sectores harán todo lo que sea posible para incumplir la palabra empeñada en la firma del Acuerdo de Paz y someter al escarnio internacional la imagen de un Estado poco serio y exponer a que la CPI pueda asumir investigaciones contra militares por los delitos de lesa humanidad cometidos en el marco y en razón del conflicto armado, incluyendo, por supuesto, a los “falsos positivos”[1].

Hay que reiterar que las elecciones presidenciales de 2018 serán determinantes para pasar una gran parte de las páginas y del contenido de la historia de un degradado conflicto armado interno. Dependerá de la capacidad de un electorado que deviene polarizado, de asumir el proceso de paz de La Habana como un significativo hecho político y militar para lograr la pacificación del país. Eso sì, dicha comprensión deberá pasar por reconocer la compleja naturaleza de un conflicto armado que se degradó y que dicha circunstancia compromete las acciones y decisiones adoptadas tanto por empresarios, dirigencia política, élites, militares y por supuesto, a la propia guerrilla de las Farc-ep.


Adenda: un año después de firmado el Acuerdo Final de Paz, el futuro de los desmovilizados de las Farc-ep no es nada halagador. De esta manera, el país apenas si podrá aspirar a vivir escenarios de posacuerdo, porque al parecer, le quedará grande a su dirigencia, avanzar hacia estadios de posconflicto. Triste realidad y negativa y perversa manera de honrar la memoria de los millones de víctimas que dejaron las acciones demenciales de Paramilitares, Guerrilleros y Fuerza Pública.



Imagen tomada de Semana.com

viernes, 24 de noviembre de 2017

De fueros y desafueros


Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Que  Ernesto Samper Pizano esté dispuesto a “renunciar” al fuero presidencial que el Acuerdo Final reconoció a los ex presidentes, y que por condición de expresidente tiene, corresponde a una estrategia política con la que el ex mandatario renueva su apoyo a la JEP, en medio de las acciones legislativas al interior del Congreso con las que las bancadas de Cambio Radical, Centro Democrático y del Partido Conservador, buscan dilatar y modificar sustancialmente el Acuerdo Final de Paz; pero también, con su disposición de presentarse ante los magistrados de la jurisdicción especial de paz, busca provocar y hacer reaccionar, en particular, a los ex presidentes Uribe y Pastrana, hoy aliados para torpedear el proceso legislativo que busca aprobar la Ley Estatutaria que dará vida jurídica y política al funcionamiento de la Justicia Especial para la Paz y para acabar de “hacer trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final”, llevando a la Casa de Nariño a quien ellos consideren que puede cumplir con la tarea de incumplir lo que se pactó en La Habana, a nombre del Estado colombiano.

El diario El Espectador recoge apartes de la misiva enviada por Samper Pizano (1994-1998) a la Presidenta de la JEP, Patricia Linares: “No me escudaré en el fuero que nos han extendido a los expresidentes en los acuerdos de paz para excusar mi participación y responsabilidad en la búsqueda de la verdad de las víctimas, que es la razón de ser de la justicia con verdad, que ustedes presiden y la que necesita este país para recuperar la paz de su conciencia… Invito a mis colegas expresidentes a que hagan lo propio: sería un acto de transparencia histórica que agradecerán las nuevas generaciones de Colombia[1].

Más allá de si se trata de una estrategia o de una provocación política, en la propuesta de Samper Pizano se pueden vislumbrar, entre otros asuntos, una postura ética que, aunque tardía, bien puede servir para instaurar en Colombia una ética pública que reivindique el papel del Presidente de la República y de la Presidencia como institución política, afectados en gran medida por la entronización de ese ethos mafioso que la sociedad colombiana en su conjunto acogió y del que sectores de poder económico de la sociedad civil (empresarios y banqueros) supieron sacar provecho y sobre el que han soportado sus decisiones electorales al apoyar no solo las candidaturas de Samper, sino las de López Michelsen,  Belisario Betancur,  Turbay Ayala, Pastrana Arango y por supuesto, las de Álvaro Uribe Vélez; sobre este último, huelga recordar que los grandes ricos respaldaron la fina cirugía constitucional con la que se logró la reelección presidencial inmediata, modificación constitucional lograda sobre la base de las prácticas del señalado ethos mafioso. Recuérdese que dicha reelección fue comprada al interior del Congreso (Yidis política) y legitimada por empresarios, banqueros, militares, Iglesias, los medios masivos y la Academia.

En el mismo anuncio del ex mandatario, involucrado en el escándalo del Proceso 8.000, se expone con claridad el enorme error que se cometió en la mesa de diálogo de La Habana al no acordar las partes, llevar ante la JEP a quienes en su calidad de Comandantes Supremos de las Fuerzas Armadas, son responsables, política y jurídicamente, de lo que hicieron o dejaron de hacer los hombres y mujeres que estuvieron bajo sus mandos a lo largo de 53 años de guerra. Todos los ex presidentes colombianos deberían de pasar por la JEP, y de esta manera, proponerle al país más que un nuevo pacto de paz, un Pacto Ético-Político que permita a todos los actores sociales, económicos y políticos proscribir actitudes, acciones y decisiones cercanas al ethos mafioso con el que mantenemos hoy no solo relaciones y transacciones de todo tipo, sino con el que camina, a pesar de todo, las institucionalidades estatal y privadas. Se cree que solo existe corrupción en las institucionales estatales, cuando es claro y evidente que en empresas privadas el ethos mafioso guía la acción de presidentes de corporaciones, gerentes y administradores de todo tipo.

Así entonces, lo expresado por Samper debería de servir para convocar a un gran debate ético, con el objetivo estratégico de desmontar el clientelismo, las prácticas mafiosas, el dolo y todo aquello que nos hace ver ante el mundo como una sociedad corrupta, un Estado moralmente cuestionado e inviable y una institución presidencial sostenida en buena medida por los mezquinos intereses de una clase dirigente y empresarial sucia, cicatera y criminal; la misma que hoy, haciendo uso de sus fichas en el Congreso, quiere impedir la entrada en funcionamiento de la JEP porque saben que varios de sus miembros tienen mucho que esconder por la responsabilidad que les cabe por los crímenes de lesa humanidad que auparon, al apoyar a los grupos paramilitares, el brazo armado de la Derecha de este país.

Es hora de abandonar fueros y empezar a contribuir con la Verdad Histórica de lo sucedido en 53 años de guerra, reconociendo la comisión de todo tipo de desafueros. A lo mejor así, se confirma que un ex presidente, en especial para el caso de Colombia, no es más que un testigo protegido de las redes de corrupción.




Imagen tomada de Semana.com

domingo, 19 de noviembre de 2017

UN ONEROSO Y COSTOSO TRIUNFO



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Al termino de las votaciones de la consulta interna del Partido Liberal del 19 de noviembre de 2017, Humberto De la Calle Lombana fue elegido como el candidato único por esa colectividad, para las elecciones de 2018.  
La convocatoria electoral no solo resultó onerosa en lo económico, sino costosa en lo político: confirmó la crisis ideológica del Partido Liberal y una profunda fractura entre el viejo liderazgo de César Gaviria y el que buscaba consolidar Juan Fernando Cristo; el ex ministro de Santos se enfrentó con Humberto De la Calle, el candidato del expresidente neoliberal, en una disputa que más que de ideas, lo fue de maquinarias. Se trató de una lucha intestina que expuso la debilidad que atraviesa dicha colectividad, lo que obliga desde ya a De la Calle a trabajar en aras de reunificar el Partido y hacer que, en bloque, la colectividad lo acompañe en su aspiración presidencial.

Es clara entonces la crisis programática e ideológica de un Partido que, junto al Conservador, y a partir de ahora, comparten una misma situación: ambas colectividades devienen insepultas. Sobreviven por la fuerza del clientelismo y por anacrónicas simpatías y militancias asociadas a viejos escenarios en los que el trapo rojo se agitó, enfrentado con aquellos que agitaban el trapo azul.

De los cerca de 738 mil sufragios que se contabilizaron, por los menos 90 mil se registraron en Bogotá, lo que indica con claridad que se trata de un Partido cuya mayor aceptación y quizás la del mismo De la Calle, se concentran en la capital del país. Los departamentos que siguieron a la Capital en votación fueron Atlántico y Valle del Cauca, lo que también puede confirmar que en estos territorios se movieron en mayor medida las maquinarias que acompañaron a los dos candidatos, sin descartar el voto de opinión.

Si bien el partido Liberal deviene en una profunda crisis política y programática, para las elecciones de 2018 es posible que la expedición de su certificado de defunción se aplace si De la Calle logra convocar a los millones que votaron por el SI y otros tantos que, con hidalguía, reconozcan que se equivocaron al votar negativamente, especialmente porque se dejaron influenciar por la tramposa campaña del NO, en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, apoyada, en particular, por el Noticiero Noticias RCN.

Eso si, como partido político es posible que jamás recupere lo que fue como fuerza electoral y en adelante siga siendo, simplemente, una colectividad capaz de recoger el ethos mafioso que se entronizó en la función pública y en la política, fruto de la histórica transacción mafiosa que acordaron Liberales y Conservadores, y que se conoce como el Frente Nacional.

No la tendrá fácil De la Calle. Y no solo por los 362.229 mil votos obtenidos en la consulta interna (escrutado el 98.5%), sino por las fuerzas clientelares que hoy respaldan a Vargas Lleras, candidato con la mayor opción para llegar a la Casa de Nari, dado que cuenta con la simpatía de los grandes empresarios y de poderosos sectores económicos, políticos, militares y sociales, empeñados en no respetar el ya remendado Acuerdo de Paz.  Si bien De la Calle es cercano al Establecimiento, su importante liderazgo en el proceso de paz de La Habana le permite despejar las dudas que esa circunstancia produce en los sectores de la opinión que lo consideran como un candidato serio, no polarizador, aterrizado, equilibrado e idóneo para mantener las condiciones históricas del régimen de poder, sin que ello suponga incumplir con la palabra empeñada en el Acuerdo Final.

Sin embargo, haber sido jefe negociador en dicho proceso de paz, debe generar mayores suspicacias y resistencias en esa otra parte del Establecimiento que, comprometida con la violación de los derechos humanos y crímenes de guerra, en el marco de un degradado conflicto armado interno, ve en la JEP un riesgo grande para la estabilidad del Régimen y al propio candidato liberal, como un “amanuense” de los líderes de las Farc, interesados en enlodar el buen nombre de empresarios y clase política tradicional.

Y quizás, consciente de las dudas que genera por haber liderado la negociación política con las Farc, en los términos que se dio, minutos después de su elección como candidato oficial del Partido Liberal a las elecciones de 2018, expresó algunas ideas que mandan un mensaje claro a esos sectores que lo asocian como “amigo íntimo de las Farc”.

Así recogió El Espectador las primeras impresiones del candidato liberal: “Sobre la implementación de lo pactado en La Habana con las Farc, el candidato liberal aseguró que llegó el momento de "ir más allá de los acuerdos que lograron acabar con la guerrilla más antigua del mundo" y que el reto es ahora derrotar a la Farc en las urnas.  "Obviamente nos opondremos a las tesis de la Farc, y por ello mismo queremos derrotarla con votos y sin balas, a punta de argumentos. Así como nosotros estamos cambiando la historia, no vamos a permitir que queden en el olvido millones de víctimas. Pero no perdamos de vista que aquí no se trata de cambiar el pasado sino de cambiar nuestra manera de afrontar el futuro", detalló insistiendo en que esta es la oportunidad para que el país trabaje unido[1].

De la Calle también debe ser consciente de que no le alcanzará en primera vuelta para derrotar a Vargas Lleras, o al que diga Uribe, que será el comodín que terminará en las huestes de Vargas Lleras; de eso mismo deben ser conscientes Claudia López, Jorge Enrique Robledo, Gustavo Petro y Sergio Fajardo. Si estos pre candidatos logran hacer coalición con De la Calle, podrían competir con Vargas Lleras, quien al final terminará recibiendo el apoyo clientelista de Ordóñez Maldonado y del dueño único del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez.  Así entonces, las elecciones de 2018 serán el segundo round del plebiscito del 2 de octubre de 2016.  

Muy seguramente, de los 362.229 mil votos alcanzados este domingo, un porcentaje puede estar asociado a un voto de opinión calificado, que a su vez hace parte de los millones de colombianos que votaron SI, el día del plebiscito.  De la Calle puede, soportado en la obligación de respetar lo acordado con las Farc, erigirse como el Estadista que necesita este país para hacer la transición de la guerra a la paz. Tiene el talante ético y moral para hacerlo, a pesar de la mancha que le cayó al ser fórmula vice presidencial de Ernesto Samper Pizano, en el contexto del proceso 8.000. Su renuncia y toma de distancia pública del “samperismo” genera confianza y procede como actitud ética para el presidente probo que este país necesita para garantizar una transición sin mayores traumatismos.

Sobre el derrotado de la consulta, Juan Fernando Cristo, se espera que acompañe al Candidato Único del Partido Liberal en la tarea de acabar con las luchas intestinas que ambos protagonizaron este domingo 19 de noviembre, en una consulta onerosa en lo económico y costosa en lo político. Amanecerá y veremos.

Adenda: poco ha cambiado la política en Colombia: llevamos varios años votando en contra de Uribe (Todos contra Uribe); ahora, quienes nos oponemos a esos liderazgos mesiánicos y autoritarios, y al Todo Vale, haremos parte del movimiento Todos contra Vargas Lleras. Es la triste realidad de una sociedad que permitió la entronización de ese ethos mafioso con el que el régimen de poder ha logrado mantenerse a flote.



Imagen tomada de Semana.com

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