Nueva Publicación: Investigación sobre dos asentamientos informales de la ciudad de Cali. 2018

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2 asentamientos: Los Samanes del Cauca y Navarro, ubicados en el jarillón del río Cauca.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

lunes, 27 de noviembre de 2017

INDIGNOS PALACIEGOS

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Explicar la vigencia política[1] de Álvaro Uribe Vélez sugiere mirar factores y circunstancias contextuales asociadas a la cultura política[2], a la acción mediática[3] y a la permanencia de una lucha ideológica que él mismo, en su momento, descalificó y quiso enterrar, como si se tratara del correlato de lo planteado por Francis Fukuyama en su libro El fin de la historia.

Sobre el primer aspecto, hay que señalar con toda claridad y vehemencia que subsiste en Colombia, en todas las capas sociales, una baja cultura política que hace posible que millones de colombianos voten -y hayan votado por Uribe[4]-  por conveniencia (clientelismo) y por los favores recibidos durante los ocho años de su administración.

En cuanto al segundo aspecto, es claro que Uribe Vélez fue y sigue siendo una invención mediática, producto de un periodismo servil, acomodado y funcional al Establecimiento. Aunque su imagen negativa ha crecido exponencialmente, estafetas disfrazados de periodistas siguen prestos a abrirle los micrófonos para desinformar, confundir y engañar a una adormilada opinión pública y, de paso, enlodar a quienes osan criticar sus acciones como Presidente o señalar sus responsabilidades en la comisión de disímiles delitos que hoy hacen parte de cartapacios que acumulan polvo  en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

Y en lo que hace referencia al último factor, hay millones de colombianos que a pesar de simpatizar con las ideas del latifundista y ganadero, no lo reconocen como un político de Derecha y mucho menos son capaces de reconocerse como militantes cercanos a esa orilla ideológica. No. Es tal la ceguera y su obcecada admiración por su líder, espiritual y político, que no alcanzan a dimensionar qué significa ser de derecha, de izquierda o de centro.

Interesa en esta columna hacer un ejercicio de caracterización de aquellos que siguen a este líder político. En un primer grupo de seguidores, simpatizantes y seguros sufragantes, están aquellos que profesan una enorme y acrítica simpatía por quien mandó en el país entre 2002 y 2010.

Quienes se ubican en este grupo de áulicos, carecen de criterio y de un carácter proclive o capaz  de permitirles hacer evaluaciones críticas de las acciones, conductas y decisiones de quien, en muchos sentidos, guía la vida social, económica y política de este grupo de palaciegos. En ese camino, esta suerte de cortesanos exhiben una ética acomodaticia (ethos mafioso[5])  en la medida en que desechan todo señalamiento que se haga de su líder por la violación de los límites éticos que, para el caso, se corrieron entre 2002-2010 y se siguen corriendo, como si se tratase de un mojón fronterizo que se mueve en la dirección de quien desea ampliar el horizonte de sus tierras.

A quienes hacen parte de este grupo, los llamo Indignos Palaciegos. Estos anodinos cortesanos jamás podrán sugerir a Uribe Vélez  que asuma responsabilidades, por lo menos políticas, en los casos de los “falsos positivos” que ocurrieron en gran número durante sus dos administraciones. Y mucho menos, serán capaces de cuestionar el temprano enriquecimiento de sus hijos, aprovechándose en buena medida de la condición de Presidente de su padre y del acceso a información privilegiada.

Dentro de este grupo de Indignos Palaciegos encontramos profesores universitarios, intelectuales y académicos[6] profesionales de diversas áreas, empresarios, ganaderos, militares y policías y estudiantes universitarios (especialmente de universidades privadas), entre otros. Estos ciudadanos, obnubilados por el talante autárquico, machista, violento y camarrorero del hoy senador de la República, suelen defender a dentelladas “la obra de Gobierno” de su Mesías, descalificando a quienes osan criticar a quien fuera elevado al estatus del “mejor Presidente de Colombia”.  

Podemos ubicar a los miembros de este grupo de áulicos en una suerte de clase media y media alta que, al desechar cualquier valoración ética de la función pública, actúan en sus espacios privados bajo los principios del Todo Vale.

Se pueden encontrar dentro de este grupo de Indignos Palaciegos algunas disidencias, en especial después del primer gobierno, 2002-2006. A pesar de la tardía comprensión del talante ético-político del político antioqueño, sobre estos ciudadanos recaen toda suerte de dudas alrededor de su propia ética y sobre todo, del real talante democrático desde el cual decidieron en su momento acompañar a Uribe Vélez en su afán de reelegirse, para luego no acompañarlo en su  intento de  quedarse en el Poder por ser el único capaz de “derrotar a las Farc”. Recordemos aquella idea de la hecatombe[7].

Dentro de este mismo grupo de Indignos Palaciegos están cientos de miles de ciudadanos pobres, cuyo precario capital cultural les impide mirar más allá de los “beneficios” recibidos, por ejemplo, a través del programa de Familias en Acción. Estos individuos, más cercanos a la condición de súbditos que a la de ciudadanos, poco o nada se diferencian de aquellos que ubicados en estratos socio económicos superiores, extrañan a Uribe Vélez porque en ocho años recibieron jugosos contratos en obras de infraestructura, especialmente. Entre recibir las migajas del señalado Programa, hoy elevado a la condición de Política Pública[8], becas, puestos en entidades estatales y recibir millonarios contratos, hay pocas diferencias éticas y morales.

Y para terminar, dentro de ese grupo de Indignos Palaciegos podemos encontrar cientos de miles de personas o proto ciudadanos que, con la misma indignidad[9] con la que se mantiene dentro del CD, el recién desechado, excluido, destronado  y rechazado Óscar Iván Zuluaga, se hincan ante la presencia de este Mesías que tanto daño[10] le hizo y le hace aún a Colombia. No hay derecho que subsistan tantos ignorantes, pero sobre todo, tanta indignidad e incapacidad para asumir posturas críticas, así sea frente a quien se admira y se sigue.  





Imagen tomada de Semana.com




[8] Una evidente institucionalización del clientelismo.

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