NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

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Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

domingo, 19 de noviembre de 2017

UN ONEROSO Y COSTOSO TRIUNFO



Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Al termino de las votaciones de la consulta interna del Partido Liberal del 19 de noviembre de 2017, Humberto De la Calle Lombana fue elegido como el candidato único por esa colectividad, para las elecciones de 2018.  
La convocatoria electoral no solo resultó onerosa en lo económico, sino costosa en lo político: confirmó la crisis ideológica del Partido Liberal y una profunda fractura entre el viejo liderazgo de César Gaviria y el que buscaba consolidar Juan Fernando Cristo; el ex ministro de Santos se enfrentó con Humberto De la Calle, el candidato del expresidente neoliberal, en una disputa que más que de ideas, lo fue de maquinarias. Se trató de una lucha intestina que expuso la debilidad que atraviesa dicha colectividad, lo que obliga desde ya a De la Calle a trabajar en aras de reunificar el Partido y hacer que, en bloque, la colectividad lo acompañe en su aspiración presidencial.

Es clara entonces la crisis programática e ideológica de un Partido que, junto al Conservador, y a partir de ahora, comparten una misma situación: ambas colectividades devienen insepultas. Sobreviven por la fuerza del clientelismo y por anacrónicas simpatías y militancias asociadas a viejos escenarios en los que el trapo rojo se agitó, enfrentado con aquellos que agitaban el trapo azul.

De los cerca de 738 mil sufragios que se contabilizaron, por los menos 90 mil se registraron en Bogotá, lo que indica con claridad que se trata de un Partido cuya mayor aceptación y quizás la del mismo De la Calle, se concentran en la capital del país. Los departamentos que siguieron a la Capital en votación fueron Atlántico y Valle del Cauca, lo que también puede confirmar que en estos territorios se movieron en mayor medida las maquinarias que acompañaron a los dos candidatos, sin descartar el voto de opinión.

Si bien el partido Liberal deviene en una profunda crisis política y programática, para las elecciones de 2018 es posible que la expedición de su certificado de defunción se aplace si De la Calle logra convocar a los millones que votaron por el SI y otros tantos que, con hidalguía, reconozcan que se equivocaron al votar negativamente, especialmente porque se dejaron influenciar por la tramposa campaña del NO, en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, apoyada, en particular, por el Noticiero Noticias RCN.

Eso si, como partido político es posible que jamás recupere lo que fue como fuerza electoral y en adelante siga siendo, simplemente, una colectividad capaz de recoger el ethos mafioso que se entronizó en la función pública y en la política, fruto de la histórica transacción mafiosa que acordaron Liberales y Conservadores, y que se conoce como el Frente Nacional.

No la tendrá fácil De la Calle. Y no solo por los 362.229 mil votos obtenidos en la consulta interna (escrutado el 98.5%), sino por las fuerzas clientelares que hoy respaldan a Vargas Lleras, candidato con la mayor opción para llegar a la Casa de Nari, dado que cuenta con la simpatía de los grandes empresarios y de poderosos sectores económicos, políticos, militares y sociales, empeñados en no respetar el ya remendado Acuerdo de Paz.  Si bien De la Calle es cercano al Establecimiento, su importante liderazgo en el proceso de paz de La Habana le permite despejar las dudas que esa circunstancia produce en los sectores de la opinión que lo consideran como un candidato serio, no polarizador, aterrizado, equilibrado e idóneo para mantener las condiciones históricas del régimen de poder, sin que ello suponga incumplir con la palabra empeñada en el Acuerdo Final.

Sin embargo, haber sido jefe negociador en dicho proceso de paz, debe generar mayores suspicacias y resistencias en esa otra parte del Establecimiento que, comprometida con la violación de los derechos humanos y crímenes de guerra, en el marco de un degradado conflicto armado interno, ve en la JEP un riesgo grande para la estabilidad del Régimen y al propio candidato liberal, como un “amanuense” de los líderes de las Farc, interesados en enlodar el buen nombre de empresarios y clase política tradicional.

Y quizás, consciente de las dudas que genera por haber liderado la negociación política con las Farc, en los términos que se dio, minutos después de su elección como candidato oficial del Partido Liberal a las elecciones de 2018, expresó algunas ideas que mandan un mensaje claro a esos sectores que lo asocian como “amigo íntimo de las Farc”.

Así recogió El Espectador las primeras impresiones del candidato liberal: “Sobre la implementación de lo pactado en La Habana con las Farc, el candidato liberal aseguró que llegó el momento de "ir más allá de los acuerdos que lograron acabar con la guerrilla más antigua del mundo" y que el reto es ahora derrotar a la Farc en las urnas.  "Obviamente nos opondremos a las tesis de la Farc, y por ello mismo queremos derrotarla con votos y sin balas, a punta de argumentos. Así como nosotros estamos cambiando la historia, no vamos a permitir que queden en el olvido millones de víctimas. Pero no perdamos de vista que aquí no se trata de cambiar el pasado sino de cambiar nuestra manera de afrontar el futuro", detalló insistiendo en que esta es la oportunidad para que el país trabaje unido[1].

De la Calle también debe ser consciente de que no le alcanzará en primera vuelta para derrotar a Vargas Lleras, o al que diga Uribe, que será el comodín que terminará en las huestes de Vargas Lleras; de eso mismo deben ser conscientes Claudia López, Jorge Enrique Robledo, Gustavo Petro y Sergio Fajardo. Si estos pre candidatos logran hacer coalición con De la Calle, podrían competir con Vargas Lleras, quien al final terminará recibiendo el apoyo clientelista de Ordóñez Maldonado y del dueño único del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez.  Así entonces, las elecciones de 2018 serán el segundo round del plebiscito del 2 de octubre de 2016.  

Muy seguramente, de los 362.229 mil votos alcanzados este domingo, un porcentaje puede estar asociado a un voto de opinión calificado, que a su vez hace parte de los millones de colombianos que votaron SI, el día del plebiscito.  De la Calle puede, soportado en la obligación de respetar lo acordado con las Farc, erigirse como el Estadista que necesita este país para hacer la transición de la guerra a la paz. Tiene el talante ético y moral para hacerlo, a pesar de la mancha que le cayó al ser fórmula vice presidencial de Ernesto Samper Pizano, en el contexto del proceso 8.000. Su renuncia y toma de distancia pública del “samperismo” genera confianza y procede como actitud ética para el presidente probo que este país necesita para garantizar una transición sin mayores traumatismos.

Sobre el derrotado de la consulta, Juan Fernando Cristo, se espera que acompañe al Candidato Único del Partido Liberal en la tarea de acabar con las luchas intestinas que ambos protagonizaron este domingo 19 de noviembre, en una consulta onerosa en lo económico y costosa en lo político. Amanecerá y veremos.

Adenda: poco ha cambiado la política en Colombia: llevamos varios años votando en contra de Uribe (Todos contra Uribe); ahora, quienes nos oponemos a esos liderazgos mesiánicos y autoritarios, y al Todo Vale, haremos parte del movimiento Todos contra Vargas Lleras. Es la triste realidad de una sociedad que permitió la entronización de ese ethos mafioso con el que el régimen de poder ha logrado mantenerse a flote.



Imagen tomada de Semana.com

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