NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.
Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Extorsión navideña

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

El ethos mafioso y su correlato, la corrupción, son quizás el mayor obstáculo socio-cultural y el reto ético-político más grande que deben enfrentar los colombianos si de verdad su dirigencia política y empresarial quiere consolidar una sociedad justa, moderna y éticamente viable.

He conocido de una práctica social y empresarial que me hace pensar en lo difícil que será superar los problemas éticos de una sociedad que desde tiempos remotos se le dificultó y se le dificulta aún, poner límites entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo legal y lo ilegal. Y en los tiempos en los que de alguna manera se logró establecer dichos límites, éstos fueron borrados desde 2002, cuando el país se acostumbró al Todo Vale, como parte de ese principio mafioso que se logró entronizar entre el 2002 y el 2010, durante la oscura presidencia de quien fuese llamado como el Señor de las Sombras.  

Dicha práctica es la siguiente: empresas de todo tipo, piden o exigen a sus proveedores, regalos para entregar a sus empleados. Sin duda, se trata de una extorsión contra aquellos contratistas, clientes o proveedores con los que ciertas compañías sostienen una relación comercial, que por supuesto podría darse por terminada si no aceptan la extorsión navideña de comprar de manera obligada, regalos para los trabajadores de las empresas desde donde se hacen las llamadas extorsivas.

Resulta extremadamente grave que una relación comercial se decida mantener, no sobre la base de una evaluación de los servicios y la calidad de los productos que unos terceros prestan o entregan a unas empresas, sino a partir de la aceptación o no de la extorsión que por esta época navideña vienen haciendo ciertas empresas a sus clientes, proveedores o contratistas.

Estamos ante una acción y actitud mafiosa, sucia, corrupta, inmoral, poco ética y absurda de unas empresas que, claramente, buscan entregar sus obligaciones morales con sus propios empleados, a unos terceros que, por cuenta de la extorsión navideña, deben salir corriendo a comprar artículos (regalos) que deberían adquirir las empresas a las que prestan sus servicios, como parte de sus propias políticas de bienestar laboral.

¿Me pregunto: ¿Què vendrá mañana? ¿Acaso, dichas empresas exigirán dinero a sus clientes, proveedores o contratistas para terminar de pagar la nómina, o aportar al pago de la seguridad social de sus empleados?

Con dicha práctica empresarial, ejecutada a través de llamadas telefónicas, queda claro lo difícil que será para los colombianos proscribir ese ethos mafioso que su clase política y empresarial logró entronizar, y que parece tener gran aceptación en el resto de la sociedad. 


Imagen tomada de artigoo.com

viernes, 15 de diciembre de 2017

¿Limones o Toronjas?

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

La pregunta que da vida a esta columna parece ser  el “soporte conceptual” de la valla con la que el cirujano plástico, Álvaro José Molina (ver imagen) promociona su negocio: mamoplastia de aumento.
El mensaje resulta, a todas luces, agresivo, grotesco y profundamente anclado a la cultura mafioso-machista que lograron imponer en Cali los narcotraficantes y los llamados “lava perros”, con la anuencia, claro está, de la sociedad y del resto de hombres que vieron con beneplácito la homogeneización que sufrieron las mujeres de una ciudad que se asocia a rumba, sexo, consumo de drogas y por supuesto, al creciente negocio de la estética femenina o al fortalecido mercado del cuerpo de la mujer.

Sin duda, los rezagos de esas prácticas de dominación sexual que sufrieron las mujeres caleñas reaparecen en el mensaje publicitario. No se trata simplemente de una opción para que muchas mujeres “arreglen” sus problemas de auto estima, creados por la cultura machista: estamos ante un mensaje  que expresa dominación, que segrega y subvalora a aquellas mujeres que por tener senos pequeños, no son “aptas” para vivir en una ciudad que suele cantarle a sus mujeres para exaltar justamente el prototipo que el cirujano está dispuesto a proveer con sus cirugías de aumento de senos.  
Cuando la ciencia y la técnica médica se ponen al servicio de la cultura machista, reducen a la Mujer y a lo femenino a una suerte de sustancia maleable y manipulable, que se puede adaptar a cualquier exigencia cultural. De hecho, la  mujer que sirve de modelo, exhibe en su rostro dos momentos diferenciados: en un primer momento, se pone de presente la frustración de ella, que se asume colectiva para todas aquellas mujeres que nacieron con los senos pequeños, o en el discurso del Médico, con limones: y en un segundo momento, la misma modelo, exhibe su completa felicidad y complacencia, sosteniendo las dos toronjas con las que Molina hará posible superar la frustración, inoculada culturalmente, de las mujeres que por esas cosas de la genética no tienen cómo encajar en una sociedad que se acostumbró a “consumir” mujeres voluptuosas.

Sin duda, el médico cirujano tiene derecho a promocionar su negocio. Lo reprochable es que lo haga apelando a la burda “dicotomía”, limones  o toronjas. Podría ser más sutil el señor Molina en la forma como promociona su habilidad y con la que logra que la sociedad continúe estandarizando a la Mujer y por esa vía, sometiéndola a los deseos primarios de una sociedad de Machos cabríos ávidos de consumir toronjas o tetas grandes.


Y no se trata, como lo proponen algunos tuiteros, de poner controles a este tipo de publicidad. No. El asunto de fondo, es decir, la responsabilidad, recae en la cultura dominante y por supuesto, en nosotros los hombres; por supuesto, les cabe algo o mucho de  responsabilidad a las propias mujeres que acuden a los cirujanos plásticos para tratar de superar sus problemas de auto estima por no estar a gusto con el cuerpo que les tocó por suerte. 



Adenda: en los casos de cáncer de mama, por supuesto que las cirugías reconstructivas son bienvenidas. 

La valla publicitaria está ubicada cerca al Centro Comercial Chipichape al norte de la ciudad.
Especial para El País (Tomada del diario El país de Cali). 

jueves, 14 de diciembre de 2017

El Régimen y las 16 curules

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Cae el telón de este 2017 y queda un sin sabor por el tortuoso proceso que sufrió la implementación del Acuerdo Final negociado en La Habana y firmado en el teatro Colón de la capital del país. Son varias las conclusiones que se pueden sacar de dicho proceso: la primera, que no hay, dentro de los poderes públicos y al interior de la  institucionalidad pública, una única noción de Estado. Especialmente, una noción de Estado que permita pensar en la posibilidad de consolidar uno que no solo se viable, sino justo, legítimo y perenne.

A juzgar por los fallos de la Corte Constitucional y las actuaciones de los congresistas, el Estado deviene en una suerte de abstracción que cada uno de los agentes de las corporaciones involucradas en los trámites de la implementación del Acuerdo Final, interpreta a su manera, antojo  y amaño. Y esto es muy grave para el funcionamiento tanto del mismo Estado, como del propio sistema democrático; pero esta situación resulta perfecta para el Régimen, como diría Álvaro Gómez, pues este es finalmente el que determina qué se hace y qué no se hace. Y al Régimen poco le interesa ampliar la democracia y darle voz a las víctimas, por ello se negaron las 16 curules. Y menos aún, le interesa que haya un Estado consolidado. El que sirve es el actual: privatizado, no homogéneo y con presencia diferenciada en el territorio como diría Fernán González.

Dijo en su momento Álvaro Gómez Hurtado, asesinado por agentes del mismo Régimen del que él, curiosamente, se benefició: "El régimen transa las leyes con los delincuentes, influye sobre el Congreso y lo soborna, tiene preso al Presidente de la República…Samper es una persona llena de buenas intenciones, pero está preso por el establecimiento. No puede hacer nada, está rodeado de intereses creados. Con los jueces pasa lo mismo… El régimen es un conjunto de complicidades. No tiene personería jurídica ni tiene lugar sobre la tierra. Uno sabe que el Gobierno existe porque uno va a Palacio y alguien contesta, que resulta ser por ejemplo el Presidente de la República, y va al Congreso y ahí sale su presidente, pero el régimen es irresponsable, está ahí usando los gajes del poder, las complicidades. El Presidente es el ejecutor principal del régimen, pero está preso. A mi me da pena repetirlo, pero el Presidente es un preso del régimen. El régimen es mucho más fuerte que él, tiene sus circuitos cerrados, forma circuitos cerrados en torno de la Aeronáutica Civil, de las obras públicas, de los peajes, y en ellos no deja entrar ninguna persona independiente".(Revista Diners 303, junio de 1995).

La segunda conclusión a la que se puede llegar a partir de lo ocurrido con los ajustes y modificaciones que sufrió el Acuerdo Final en las señaladas instancias, es la enorme e insondable distancia que subsiste entre el Estado y la Sociedad. Lo que se traduce en una idea pobre que tiene la mayoría de los colombianos alrededor de asuntos públicos. Y quedó claro que el conflicto armado interno y su finalización (con las Farc, por lo menos) por la vía de la negociación política, jamás alcanzó el suficiente carácter y estatus de asunto público que permitiera que en estos temas confluyera el grueso de la sociedad para discutirlos con seriedad. Y allí, el Régimen de poder viene haciendo sus “aportes”, asegurando, por ejemplo, altos niveles de ignorancia en millones de colombianos que no  dimensionan el hecho de que un Gobierno, en nombre del Estado, haya puesto fin a un degradado conflicto armado interno. Claro, no podemos olvidar que no se negoció lo estructural, es decir, aquello que permitiera desmontar el actual Régimen de poder. 

Una tercera conclusión va en el siguiente sentido: el papel de la Gran Prensa fue determinante en la incomprensión social del Acuerdo Final. Noticieros privados de televisión como RCN, Caracol y CM&, así como los programas radiales La FM y La W, fueron inferiores a la exigencia ética que les hizo y hace aún un proceso de negociación política con el que se puso freno a una máquina de guerra y de producción de víctimas. Al conocer muy bien a sus audiencias (ignorantes y poco conscientes de lo que significa ser ciudadano), estas empresas mediáticas actuaron de acuerdo con los intereses económicos y políticos de sus propietarios, los mismos que sostienen a este Régimen oprobioso que guía el actuar del Estado privatizado y que mantiene una democracia restringida y temerosa de abrirle espacios no tanto a las víctimas de los actores armados, sino a aquellos ciudadanos cercanos al pensamiento de una Izquierda que sigue haciendo parte de esa noción de “enemigo interno” al que hay que someter, perseguir y aniquilar, a pesar de vivir en tiempos de paz y posacuerdos.  Porque la preocupación por aprobar las 16 curules giró y gira aún en torno a que a la Cámara de Representantes lleguen las ideas de ciudadanos incómodos: campesinos y específicos sectores étnicos. Esos mismos que el centralismo bogotano y la cultura dominante ("blanca"), odian y desconocen. 


Y esa manera, el sueño de una paz estable y duradera quedó sujeto, como lo fue la permanencia  del conflicto armado interno, a lo que el Régimen dijo que había, existía o no existía; y en adelante, qué se puede hacer, transar, negociar y qué no. Así estamos. 

Imagen tomada de pulzo.com; en esta, aparece el Pte del Senado, Efraín Cepeda, negando la tesis del Gobierno sobre la aprobación del proyecto de ley, por cuenta de la aplicación de lo que se conoce como la "silla vacía" (mayoría no sobre 102 senadores, sino de 99). 

martes, 12 de diciembre de 2017

Primero la Familia

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

De la composición de los listados[1] de aspirantes para ocupar las curules en el Congreso que elegiremos los colombianos en 2018, se puede colegir que la política en Colombia dejó de ser un asunto público y centralizado en Partidos Políticos, para convertirse en un negocio familiar.

Se trata de familias cuyos varios de sus miembros han sido procesados y condenados por disímiles delitos. Así las cosas, los Partidos Políticos que avalan candidaturas de hijos, nietos, primos, hermanos, hermanas, esposos, esposas y sobrinos de políticos  criminales y corruptos, pierden su naturaleza y se convierten en agencias en donde se tramitan los más innobles intereses de quienes solo buscan mantener el negocio de la familia: la Política.

Quienes critican las aspiraciones de familiares de políticos corruptos y criminales, de inmediato se deben enfrentar al argumento, válido jurídicamente, de que no hay “delitos de sangre”. Cierto, no hay delitos de sangre, pero lo que si debe haber es un mínimo de decencia, de vergüenza y de respeto con la sociedad, con lo que deben simbolizar el Estado, la política y lo público. Lo cierto es que aspirar a ocupar una curul en la institución más desprestigiada, el Congreso, de la mano de políticos condenados por disímiles delitos, constituye una burla, una provocación, pero sobre todo, la confirmación de que los límites de la decencia hace rato se perdieron en este país.

Lo que resulta reprochable a los familiares de los condenados que aspiran a una curul en el Congreso, es que no exhiben dentro de su discurso asomo alguno de vergüenza por los delitos, crímenes y faltas cometidas por quienes les están heredando una curul manchada y atada al ethos mafioso que se entronizó en la vida societal de Colombia. ¿Por qué no toman distancia de sus corruptos padres y esposas, entre otros, y buscan llegar al Congreso, alejados del mal nombre que los acompaña? Hay una única y posible respuesta: porque primero están los negocios de la familia y luego, lo demás. Y lo demás, es la ética, la decencia, la pulcritud y el respeto a la ley.

Los nuevos aspirantes al Congreso parece que no arrastraran el peso de las acciones dolosas y criminales de sus familiares. Y resulta comprensible que así sea porque una vez convertida la política en parte sustantiva del negocio familiar, entonces no hay manera alguna de que al interior de dichas familias uno de sus miembros quiera llegar al Congreso, para limpiar un apellido. Por el contrario,  y a parecer, los une a todos, en primer lugar, el interés de extender y consolidar el negocio, esto es, mantener las redes de corrupción y en otros, las estructuras mafiosas y criminales; y en un segundo lugar, eso sí, menos evidente, el objetivo de “vengar” los señalamientos y las condenas proferidas contra padres, hermanos o esposos. 

Y la mejor forma de “vengarse” es extender los tentáculos de un  negocio familiar que cuenta con Agencias Políticas (ayer, Partidos Políticos) que no solo dan avales, sino que pondrán al servicio de las renovadas mafias, toda la institucionalidad para consolidar el ethos mafioso y la privatización (familiarización) de la política.  Y mientras la Política sufre el peligroso proceso de familiarización (privatización), la clase empresarial, la Academia y las Iglesias guardan cómplice silencio. Qué asco de país.

Nota: un profesor, maestro y amigo me compartió apartes de las últimas declaraciones que diera Álvaro Gómez Hurtado, antes de ser asesinado por miembros del propio Régimen:


"El régimen transa las leyes con los delincuentes, influye sobre el Congreso y lo soborna, tiene preso al Presidente de la República…Samper es una persona llena de buenas intenciones, pero está preso por el establecimiento. No puede hacer nada, está rodeado de intereses creados. Con los jueces pasa lo mismo… El régimen es un conjunto de complicidades. No tiene personería jurídica ni tiene lugar sobre la tierra. Uno sabe que el Gobierno existe porque uno va a Palacio y alguien contesta, que resulta ser por ejemplo el Presidente de la República, y va al Congreso y ahí sale su presidente, pero el régimen es irresponsable, está ahí usando los gajes del poder, las complicidades. El Presidente es el ejecutor principal del régimen, pero está preso. A mi me da pena repetirlo, pero el Presidente es un preso del régimen. El régimen es mucho más fuerte que él, tiene sus circuitos cerrados, forma circuitos cerrados en torno de la Aeronáutica Civil, de las obras públicas, de los peajes, y en ellos no deja entrar ninguna persona independiente".
(Revista Diners 303, junio de 1995).



Imagen tomada de ElEspectador.com

jueves, 7 de diciembre de 2017

Deshojando la margarita

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

A pesar del pragmatismo político con el que históricamente  actúa la Derecha, para las elecciones de 2018 el panorama aún no está claro, por varias razones a saber: la primera, la polarización política que se expresó electoralmente el 2 de octubre de 2016, no le daría al candidato de la Derecha un triunfo en la primera vuelta. El segundo hecho, la demora de Fajardo de salir de una coalición de Centro-Izquierda en la que jamás se sintió cómodo. Y el tercer hecho, a los sectores de poder económico (los Grandes Cacaos) les preocupa en algo la fuerza electoral que pueda seguir consolidando Gustavo Petro Urrego.

Aunque son hechos políticos que juegan dentro el actual escenario pre electoral, estos mismos hechos no alcanzan a preocupar a los grandes ricos de este país. Hablo de la  demora de Uribe Vélez en señalar quién será su candidato, el distanciamiento político que subsiste entre Vargas Lleras y el ex presidente, caballista y ganadero, y porque la criticada y sonada alianza con Pastrana Arango tiene en Martha Lucía Ramírez a un fuerte obstáculo para la consolidación de la señalada coalición. Menos aún les preocupan las aspiraciones de Ordóñez Maldonado

Las preocupaciones de Uribe no son tanto porque la Derecha no logre mantenerse en el poder, sino porque el ex presidente antioqueño reconoce que ya él como líder político está de salida porque ya dejó de ser de los afectos de los Grandes Cacaos. Los grandes ricos de Colombia saben que la vigencia política de Uribe es más mediática y que su real  poder político viene en caída libre, justamente porque detrás de la búsqueda del candidato que lo represente, está el interés genuino de volver a gobernar, pero esta vez en cuerpo ajeno. Y los ricos de Colombia no desean que ello ocurra. Ya lo apoyaron en su segunda reelección y saben que el haber validado la compra de su reelección, les generó unos enormes costos sociales y políticos. Así como medio país quedó hastiado de Uribe, un sector importante del empresariado también está cansado del político de Salgar. Por ello, los grandes empresarios le están apuntando a la búsqueda de una figura política que luzca menos agresiva, retadora y difícil de manejar, además de desgastada, polarizante y grotesca. Por eso, “el que finalmente elija Uribe”, poco chance tendrá, por ejemplo, si intenta enfrentarse con la imagen “fresca” de un candidato como Sergio Fajardo, claro candidato del otrora Sindicato Antioqueño.

Entre tanto, por los lados de Sarmiento Angulo, este empresario sabe que Vargas Lleras, su candidato, no es carismático. Reconoce que no agrada y que su carácter autoritario, frente al tono pausado y tranquilo de Fajardo, poco puede hacer el hasta hace poco ex ministro de Santos.

El dilema de la derecha económica y política este país está entre apoyar de manera consensuada a Fajardo o terminar apoyando la candidaturas de Vargas Lleras para producir un enfrentamiento en una primera vuelta, para terminar unidos en la segunda, en donde claramente el candidato único del empresariado podría terminar siendo Sergio Fajardo Valderrama.

Los sectores del Establecimiento que no acompañaron el proceso de paz y que harán ingentes esfuerzos para cumplir con lo mínimo de lo acordado en La Habana, están buscando un candidato como Fajardo Valderrama, que fácilmente puede jugar con el discurso de la paz y la implementación del Acuerdo Final, para darle un cumplimiento a medias, tal y como lo desea la Derecha política y económica.

Así entonces, mientras que los Medios masivos nos hacen creer que aún es importante lo que decida Uribe,  el empresario Sarmiento Angulo está examinando el paso que ya dio el Grupo Empresarial Antioqueño (antiguo Sindicato Antioqueño) en relación con Fajardo Valderrama, para tomar la decisión de apoyar o no a Vargas Lleras, quien no gusta entre la élite empresarial y entre el grueso del electorado.


Si bien está claro que la Derecha mantiene el control de las maquinarias y de las redes clientelares,  lo único que le falta decidir es si apoyar conjuntamente a Fajardo o insistir con Vargas Lleras, un político sin carisma, que la única garantía que da a los Grandes Cacaos, es que será, como buen hijo de la oligarquía bogotana, un excelente empleado de Sarmiento Angulo, si llega a convertirse en Presidente de Colombia. Así, por estos días, los grandes ricos y dueños del país, andan deshojando la margarita: Vargas, Fajardo, Vargas, Fajardo… Y lo hacen, con la  tranquilidad que les da la incapacidad de la Izquierda para unirse con otros sectores y lanzar un candidato que realmente pueda competir bien sea contra Vargas Lleras o Fajardo Valderrama.   


Nota: esta columna se publica antes de que se limaran asperezas entre Fajardo y Claudia López, lo que permitió confirmar la Coalición Colombia. Sin embargo, Fajardo insiste en que no iría a una consulta interpartidista, en particular, no desea hacerlo con el candidato del Partido Liberal, Humberto de la Calle Lombana. Insisto en las dudas que me genera el señor Fajardo. Está más cerca de la Derecha, que de cualquier proyecto de centro-izquierda. Amanecerá y veremos. 


Imagen tomada de Semana.com 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Cúpula de Farc: ¿se burocratizó?

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

La desbandada de miembros de las antiguas Farc, concentrados en las zonas veredales dispuestas para que allí se diera su transición a la vida civil, es responsabilidad tanto del Estado colombiano, del Gobierno de Santos, y por supuesto, de la propia cúpula Fariana: sus máximos comandantes se burocratizaron. Y no prepararon a la base de la tropa (al guerrillero raso) para soportar las demoras y los incumplimientos del Gobierno y del Estado en su conjunto, y mucho menos, para que asumieran los cambios que supone dejar atrás la vieja doctrina militar.

Creo que la cúpula de la Farc, con asomo  de algo de ingenuidad, creyó que bastaría con que sus hombres y mujeres se concentraran en puntos fijos de la geografía colombiana, para que asumieran, de manera natural, un proceso de implementación que hoy día, no marcha bien. El mismo, que en 2018, recibirá golpes contundentes por parte de aquel que se alzaría con el triunfo en las elecciones venideras: Germán Vargas Lleras (porque tiene toda la maquinaria clientelista y es el candidato de la Derecha política y económica que no acompañó el proceso de paz). Como en toda organización vertical, jerarquizada y profundamente burocratizada, habrá siempre un grupo minúsculo de la élite que gozará de manera directa y efectiva de los beneficios por los cuales accedieron a negociar una paz estable y duradera con el Estado.

Es posible que la cúpula  de la Farc se haya equivocado en la valoración de la capacidad de resistencia de la tropa, ante las demoras y trabas al proceso de implementación de lo acordado y firmado, y en particular, en cómo resistir la evidente “estrategia del desgaste[1]”  que el Gobierno de Santos dejó que tomara fuerza y se convirtiera casi en una expresión más de un Estado débil, precario y capturado por una élite matona, cicatera, sucia y pendenciera, y de una sociedad ignorante, polarizada, fragmentada y contaminada por una Prensa tendenciosa y mentirosa, a la que nunca le importó comprender el devenir del conflicto armado interno, y mucho menos, a sus miembros, les importa hoy el futuro de esa paz estable y duradera que se pactó en La Habana.

El adoctrinamiento militar para hacer y mantener la guerra es diametralmente distinto al adoctrinamiento político que se debe dar en clave o en perspectiva de paz. No es lo mismo manejar aconductados guerrilleros, muchos de ellos amedrentados por aquello de su propia “justicia revolucionaria”, que ex guerrilleros,  en tránsito de convertirse en civiles. Las angustias, expectativas, sueños, miedos, esperanzas y anhelos, son distintos cuando se asume la condición civil. Y eso, al parecer, lo olvidaron los máximos jefes de la Farc.

Creo que la cúpula de la Farc invirtió demasiado tiempo en el adoctrinamiento militar para la guerra y muy poco, para madurar la idea de “firmar la paz” con una parte del Establecimiento de la que al parecer, las cabezas más visibles de la Farc, creyeron a pie juntillas en que cumplirían con lo acordado en La Habana, porque tenían el control absoluto para asegurar la transición de la guerra a la paz. Se equivocaron los miembros de la ex guerrilla. Lo que no sé, es si trató de un error de cálculo político por considerar que era el momento de firmar el fin del conflicto, o si se trató de una  lectura ingenua de un Gobierno y de un Presidente, hijo de la rancia élite bogotana, la misma que las Farc no pudieron derrocar militarmente.

Con la desbandada de los ex combatientes farianos, queda en duda si las Farc eran más una organización militar, que una organización política capaz de mantener la disciplina y la firmeza de unos hombres y mujeres que ya no obedecen órdenes de comandantes, sino que están esperando seguir a unos líderes que, al parecer, ya andan pensando más en vivir sus últimos días de la política (del Estado), que en guiar a quienes lo único que hicieron bien (no sabían más)  fue acompañarlos en una lucha armada  que habrá valido la pena, si se logra consolidar[2] la anhelada paz, estable y duradera.






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