NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.
Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

martes, 12 de diciembre de 2017

Primero la Familia

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

De la composición de los listados[1] de aspirantes para ocupar las curules en el Congreso que elegiremos los colombianos en 2018, se puede colegir que la política en Colombia dejó de ser un asunto público y centralizado en Partidos Políticos, para convertirse en un negocio familiar.

Se trata de familias cuyos varios de sus miembros han sido procesados y condenados por disímiles delitos. Así las cosas, los Partidos Políticos que avalan candidaturas de hijos, nietos, primos, hermanos, hermanas, esposos, esposas y sobrinos de políticos  criminales y corruptos, pierden su naturaleza y se convierten en agencias en donde se tramitan los más innobles intereses de quienes solo buscan mantener el negocio de la familia: la Política.

Quienes critican las aspiraciones de familiares de políticos corruptos y criminales, de inmediato se deben enfrentar al argumento, válido jurídicamente, de que no hay “delitos de sangre”. Cierto, no hay delitos de sangre, pero lo que si debe haber es un mínimo de decencia, de vergüenza y de respeto con la sociedad, con lo que deben simbolizar el Estado, la política y lo público. Lo cierto es que aspirar a ocupar una curul en la institución más desprestigiada, el Congreso, de la mano de políticos condenados por disímiles delitos, constituye una burla, una provocación, pero sobre todo, la confirmación de que los límites de la decencia hace rato se perdieron en este país.

Lo que resulta reprochable a los familiares de los condenados que aspiran a una curul en el Congreso, es que no exhiben dentro de su discurso asomo alguno de vergüenza por los delitos, crímenes y faltas cometidas por quienes les están heredando una curul manchada y atada al ethos mafioso que se entronizó en la vida societal de Colombia. ¿Por qué no toman distancia de sus corruptos padres y esposas, entre otros, y buscan llegar al Congreso, alejados del mal nombre que los acompaña? Hay una única y posible respuesta: porque primero están los negocios de la familia y luego, lo demás. Y lo demás, es la ética, la decencia, la pulcritud y el respeto a la ley.

Los nuevos aspirantes al Congreso parece que no arrastraran el peso de las acciones dolosas y criminales de sus familiares. Y resulta comprensible que así sea porque una vez convertida la política en parte sustantiva del negocio familiar, entonces no hay manera alguna de que al interior de dichas familias uno de sus miembros quiera llegar al Congreso, para limpiar un apellido. Por el contrario,  y a parecer, los une a todos, en primer lugar, el interés de extender y consolidar el negocio, esto es, mantener las redes de corrupción y en otros, las estructuras mafiosas y criminales; y en un segundo lugar, eso sí, menos evidente, el objetivo de “vengar” los señalamientos y las condenas proferidas contra padres, hermanos o esposos. 

Y la mejor forma de “vengarse” es extender los tentáculos de un  negocio familiar que cuenta con Agencias Políticas (ayer, Partidos Políticos) que no solo dan avales, sino que pondrán al servicio de las renovadas mafias, toda la institucionalidad para consolidar el ethos mafioso y la privatización (familiarización) de la política.  Y mientras la Política sufre el peligroso proceso de familiarización (privatización), la clase empresarial, la Academia y las Iglesias guardan cómplice silencio. Qué asco de país.

Nota: un profesor, maestro y amigo me compartió apartes de las últimas declaraciones que diera Álvaro Gómez Hurtado, antes de ser asesinado por miembros del propio Régimen:


"El régimen transa las leyes con los delincuentes, influye sobre el Congreso y lo soborna, tiene preso al Presidente de la República…Samper es una persona llena de buenas intenciones, pero está preso por el establecimiento. No puede hacer nada, está rodeado de intereses creados. Con los jueces pasa lo mismo… El régimen es un conjunto de complicidades. No tiene personería jurídica ni tiene lugar sobre la tierra. Uno sabe que el Gobierno existe porque uno va a Palacio y alguien contesta, que resulta ser por ejemplo el Presidente de la República, y va al Congreso y ahí sale su presidente, pero el régimen es irresponsable, está ahí usando los gajes del poder, las complicidades. El Presidente es el ejecutor principal del régimen, pero está preso. A mi me da pena repetirlo, pero el Presidente es un preso del régimen. El régimen es mucho más fuerte que él, tiene sus circuitos cerrados, forma circuitos cerrados en torno de la Aeronáutica Civil, de las obras públicas, de los peajes, y en ellos no deja entrar ninguna persona independiente".
(Revista Diners 303, junio de 1995).



Imagen tomada de ElEspectador.com

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