NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.

NUEVA PUBLICACIÓN. PERIODISMO Y DESPLAZAMIENTO FORZOSO EN COLOMBIA.
Resultado de un proceso investigativo, este libro en coautoría da cuenta del tratamiento periodístico dado por el Diario El País de Cali, a los hechos y circunstancias que hicieron posible el desplazamiento forzado en Colombia y la aparición de la categoría Desplazados. 2016

martes, 9 de enero de 2018

TRES TEMAS

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

En varias columnas anteriores sostengo que este 2018[1] será un año definitivo para el país. Y es que más allá de las candidaturas,  de las estrategias  y estratagemas que  pondrán en marcha los interesados,  y de las decisiones que adopte el electorado, existen varios temas que de manera inexorable deberían de hacer parte de la agenda pública y de las preocupaciones de cada uno de los ciudadanos colombianos: el primer tema, la anuencia social y política con la corrupción. Si como sociedad no adoptamos medidas y posturas que nos lleven a proscribir la deshonestidad, la trampa, la marrulla y el Todo Vale[2], el ethos mafioso[3] seguirá fortaleciéndose hasta hacer inviable la convivencia pacífica entre quienes le apostamos al desmonte de las prácticas corruptas, y aquellos que desde diversos ámbitos y discursos hacen todo para validar y legitimar  el engaño, el contubernio y la indecencia.

El segundo tema, el medio ambiente. Debemos, como ciudadanos “sentipensantes”, entender que el actual modelo de desarrollo[4] extractivo deviene insostenible ambientalmente. No podemos  continuar desangrando[5] a la Madre Tierra de la forma como se viene haciendo desde los gobiernos de César Gaviria, pasando por los periodos de Uribe y Santos, con el único objetivo de asegurar millonarias ganancias a multinacionales que explotan a gran escala oro, coltán, carbón y petróleo (fracking[6]).  Al despropósito de extraer las riquezas del subsuelo, en las precarias condiciones institucionales y en las discutibles circunstancias técnicas, se suma un desarrollo urbanístico caótico, especulativo e incontrolable, que pone en riesgo la vida civilizada y la de valiosos ecosistemas boscosos en ciudades como Cali, Medellín y Bogotá, para nombrar apenas tres grandes capitales.

Y el tercer tema, tiene que ver con la implementación de lo acordado en La Habana, firmado en el teatro Colón de Bogotá y refrendado por el Congreso y validado por la Corte Constitucional. Es de suma importancia que los electores y los ciudadanos entiendan que haber desmovilizado a las Farc y el permitir su existencia como partido político es un hecho político, social, económico y cultural (civilizatorio diría) que nos abre la posibilidad histórica de dar un giro a la nación en todos aquellos ámbitos desde donde se justificó el levantamiento armado en los años 60. 

Ojalá estos tres temas resultaran definitivos para la elección presidencial que se avecina, pero  muy seguramente podrá más el clientelismo, el llamado TLC[7],  la incomprensión de la naturaleza del conflicto armado interno, la inconciencia colectiva en materia ambiental y una generalizada ignorancia[8] sobre el daño que nos hacen como sociedad tanto la corrupción pública y privada, como el modelo de desarrollo que considera a la Naturaleza como un mero recurso. Y es así porque las candidaturas de Vargas Lleras, Fajardo e Iván Duque arrastran apoyos políticos, electorales y económicos de sectores de poder que de tiempo atrás hicieron todo para mantener una guerra que sabían que jamás ganarían, dejando  de hacer  las transformaciones que el país necesitaba y que la guerrilla de las Farc demandó por largos 53 años; esos mismos sectores del Establecimiento, son los mismos que le vienen apostando a la extracción de los recursos del subsuelo y exhiben penosos episodios asociados a la corrupción. A Vargas Lleras se le asocia, desde diversos sectores de la opinión, con prácticas clientelistas y con grupos paramilitares[9]. A lo que se suma, negativamente, su carácter grosero y violento.  

De igual manera, a Fajardo le recuerdan los episodios asociados a  las actividades de Don Berna, lo que dio vida a  la expresión “DonBernabilidad”[10], que significó ni más ni menos que la claudicación del Estado local (Medellín) ante el poder corruptor y criminal de los narco paramilitares. En cuanto a Iván Duque, el solo hecho de ser el ungido de Uribe Vélez lo convierte en el “juguete preferido” del Gran Titiritero que claramente busca regresar a la Casa de Nariño (¿o de Nari?) para gobernar en cuerpo ajeno. Elegir a Duque como Presidente es darle la tercera oportunidad para que Uribe Vélez gobierne[11] al país con su peligroso carácter autárquico.  Y no olvidemos que Duque viajó con Zuluaga a Brasil[12], en el contexto del escándalo de Odebrecht.

El candidato presidencial que propone cambios al modelo de desarrollo extractivo y una perspectiva ambiental sostenible, es Gustavo Petro Urrego. Eso sí, sobre la candidatura progresista  de Petro recaen los miedos que la Derecha logró inocular, con el apoyo de la Gran Prensa, en la opinión pública alrededor de la posible llegada del “castrochavismo”[13] en un eventual triunfo del ex militante del M-19. A esto se suma su carácter mesiánico y su perfil megalómano que lo invalidan como el político que pueda unir a una Nación fragmentada, polarizada y a una sociedad escindida.

En cuanto al candidato Humberto De la Calle Lombana, hay que decir que su candidatura presidencial, al estar fundada casi exclusivamente en la implementación del Acuerdo Final con las Farc, los otros dos temas aquí propuestos poco desarrollo tendrían durante su eventual gobierno, dado que De la Calle, como Vargas Lleras, Fajardo y Duque[14] hacen parte sustantiva del Establecimiento desde donde se viene  insistiendo en mantener el viejo modelo extractivo colonial.

Dicho lo anterior, los colombianos enfrentamos una difícil coyuntura, que se hace aún más compleja porque no hay en la contienda electoral un candidato que logre convocar y unir a una sociedad que no ha podido concebir un proyecto de nación que recoja las diferencias regionales y haga posible extender por todo el territorio nacional la legítima acción estatal. El reto es enorme. Habrá que esperar qué sucede en la elección del nuevo Congreso y posteriormente, en la jornada para elegir Presidente.








Imagen tomada de la revista Semana.com


[7] Tejas, Lechón y Contratos.
[14] Aunque Uribe y Pastrana aún no definen qué hacer con las aspiraciones de Martha Lucía Ramírez y el corrupto ex procurador, Alejandro Ordóñez Maldonado, doy por descontado que el candidato de la Derecha y la ultraderecha será Iván Duque. 

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